Boletín No. 36 Domingo 11 oct 2026

PASIÓN FLAMENCA Y VIRTUOSISMO ORQUESTAL TRIUNFAN EN EL 54 FIC

 

  • La coreografía Carmen rescata la emblemática colaboración artística entre el bailarín Antonio Gades y el cineasta Carlos Saura
  • En una fusión de tradición y jovialidad musical, la Camerata Salzburg combinó su maestría con la ejecución de  la violinista María Dueñas  

 

 

PASIÓN FLAMENCA Y VIRTUOSISMO ORQUESTAL TRIUNFAN EN EL 54 FIC
Créditos de la foto: Fotografía: Mayra Mope

En el segundo fin de semana de actividades del 54 Festival Internacional Cervantino FIC, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, en alianza con el Gobierno del Estado de Guanajuato, se vivió un programa internacional lleno de pasión y virtuosismo. Por un lado, la técnica y la precisión de la Compañía Antonio Gades y por el otro, la maestría y frescura de la Camerata Salzburg con María Dueñas.  

La Compañía Antonio Gades presentó, en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas, Carmen. El montaje revive el trabajo conjunto del coreógrafo Gades y el realizador cinematográfico Carlos Saura, enfocado en presentar a la legendaria protagonista escrita por Prosper Mérimée en 1845.

El montaje mezcló zapateado, cante jondo y música de la ópera de Georges Bizet, que hizo vibrar al público nacional e internacional que, a pesar de la lluvia, permaneció en su lugar hasta el final del evento.

En entrevista, la directora general de la compañía, Eugenia Eiriz, dijo: “El Festival Internacional Cervantino es uno de los más prestigiosos de América. Es un reto venir aquí, somos una compañía de gran formato y privada, viajamos 26 personas con músicos flamencos de primer nivel y es lo que traemos para Guanajuato, nos encanta la ciudad, es muy especial”.

Para Antonio Gades, la figura de Carmen encarna la lucha de la mujer por su soberanía personal frente a los prejuicios de la sociedad. Cuando la novela original vio la luz en el siglo XIX, provocó un rechazo inmediato en una época que rehuía la emancipación femenina. 

Frente a dicha mirada reduccionista, la dupla creativa despojó al personaje de los estereotipos para devolverle su auténtica identidad popular: la de una heroína leal a su clase que se entrega sin reservas, pero sin traicionar jamás sus principios.

Eugenia Eiriz halló similitudes en la inspiración del coreógrafo y la singularidad inigualable de la capital guanajuatense: “Estamos hablando de una persona que encontró en el lenguaje del pueblo su forma de expresión. La puso en paralelo con la música culta. Esto lo vemos en Carmen, por ejemplo. Esta es una ciudad tremendamente popular, está llena de vida. Es absolutamente inspiradora, además, el hecho de poder bailar para el público es muy especial, va muy en consonancia con la esencia de lo que somos”. 

La arquitectura del espectáculo refleja la sobriedad y la claridad narrativa que inmortalizaron el sello de su creador. La transición entre cuadros dramáticos incorpora recursos visuales de filiación cinematográfica heredados del ojo de Saura, lo cual permite al público pasar de un clima emocional a otro de forma ágil y coherente. 

“Una de las partes más importantes de la obra de nuestro fundador es la luz y es verdad que el cambio de ella es uno de los mayores retos que tiene esta compañía. Pero también tiene grandes ventajas. Hoy en día contamos con bailarines con una formación técnica impresionante. Salen de los conservatorios con una técnica que les permite hacer cosas que nos parecen buenas, que están súper bien, pero Gades es otra cosa. 

“Les pide que se den cuenta que la danza no está en el paso, sino en lo que hay entre uno y otro, que deben transmitir, contar algo y eso también es una técnica: eso es Gades”, concluyó. 

Durante la puesta, la parte musical construyó un puente entre tradiciones híbridas. La escena combinó la interpretación en vivo de guitarras y cante flamenco, a cargo de Enrique Bermúdez “Piculabe” e Israel Paz, con pasajes célebres de la ópera de Georges Bizet, fragmentos de El gato montés, de Manuel Penella, y los versos de Verde que te quiero verde, de Federico García Lorca. La diversidad sonora enriqueció el trabajo del reparto encabezado por Esmeralda Manzanas en el papel titular y Álvaro Madrid como Don José.

Bajo la dirección artística de Stella Arauzo, quien fuera bailarina principal del maestro madrileño e intérprete histórica del rol de Carmen desde 1988, la agrupación reunió a diversas generaciones de bailarines formados en esta escuela única. 

Con una trayectoria que abarca funciones en los teatros más exigentes de Barcelona, Madrid, Moscú, París y Tokio, la Compañía Antonio Gades demostró en el FIC que el flamenco es un lenguaje de gran drama teatral capaz de narrar historias de pasión, amor y poderío. 

Camerata Salzburg con María Dueñas, violín

Reconocida internacionalmente por la solidez de su interpretación y su vinculación histórica con la obra de Wolfgang Amadeus Mozart, la Camerata Salzburg (fundada en 1952) se distingue por preservar la elegancia técnica que la consolida como una de las agrupaciones de cámara referentes.

El ensamble se presentó en el Teatro Juárez, junto a la violinista española María Dueñas, cuya destacada trayectoria internacional y profundidad musical la sitúan como una de las intérpretes más relevantes de su generación.

Bajo la batuta de Gregory Ahss y con la participación del concertino Afanasy Chupin, el programa combinó tradición y vitalidad musical al ofrecer  un  recorrido por obras emblemáticas del canon clásico: la obertura de Las bodas de Fígaro, de Mozart; el Concierto para violín en mi menor, de Felix Mendelssohn, y la Sinfonía núm. 2, de Ludwig van Beethoven.

Las bodas de Fígaro, sin duda una de las obras más reconocidas dentro de la ópera buffa, mostró “un scherzo vital y fogoso, de virtuosística escritura orquestal” –como la describe el musicólogo Juan Arturo Brennan– que evidenció la importancia musical de la agrupación. 

El momento estelar de la noche llegó cuando la violinista española interpretó el Concierto para violín Op. 64, de Felix Mendelssohn, en una ejecución magistral, la cual cautivó los oídos y el corazón de las y los asistentes.

La pieza, considerada una de las más destacadas del Romanticismo, se distingue por modificar el esquema clásico de composición al incorporar una introducción más larga que la acostumbrada en su tiempo. Durante su interpretación,  Dueñas hizo gala de su talento musical.

Tras el intermedio, la agrupación interpretó la Segunda Sinfonía (1802), de Ludwig van Beethoven, obra tempestuosa que refleja el momento de su composición: su esfuerzo infructuoso por preservar parte de su audición que se deterioraba rápidamente. 

María Dueñas tenía preparada una sorpresa para las y los asistentes. Tras volver al escenario en tres ocasiones, interpretó como encore Estrellita, del compositor mexicano Manuel M. Ponce, pieza con la que compartió su sensibilidad artística y agradecimiento al público mexicano.

Con dichos programas que combinaron latitudes y lenguajes artísticos, el Festival Internacional Cervantino reafirma su labor de compartir al público un vistazo del panorama artístico mundial.